Hamlet Lima Quintana

“Antes apuntaban a los cuerpos, ahora apuntan a la memoria”

Por LUIS RAÚL CALVO y ROBERTO DI VITA

 

En una entrevista exclusiva para GAALC, el destacado poeta, y autor de memorables canciones como “Zamba para no morir”, reflexiona sobre su obra, la poesía en general y sobre controvertidos temas ligados al campo de la cultura, entre ellos, la marginación a la que él considera que se ve expuesto desde ciertos medios de comunicación.

G.A.: En alguna oportunidad usted definió a la poesía como la síntesis entre el pensamiento mágico y el conocimiento, ¿Lo sigue sosteniendo?
H.L.Q.: Si, con absoluta firmeza. Si bien definir la poesía es un hecho inalcanzable, yo encontré una síntesis como ésa, la más cercana de acuerdo a mi concepto. El pensamiento mágico es lo que nace de la parte inconsciente, la parte posterior del cerebro donde está almacenado lo ancestral, los mitos, las leyendas. Eso que uno trae encima sin saberlo y que de pronto aflora. Pero para que eso sea lúcido tiene que pasar por el conocimiento. Un poema hecho con conocimiento, solo no alcanza a ser poesía y tampoco alcanza con el pensamiento mágico solo.

G.A.: ¿Qué le aporta el conocimiento al poeta?
H.L.Q.: Cuanto mayor conocimiento tenga el creador, mayores posibilidades tendrá para manejar su pensamiento mágico. Cuanto más conozca sobre historia, ciencia o política mejor ejercerá la palabra.

G.A.: En la portada de un disco de Tejada Gómez usted dice que el poeta tiene que tener un compromiso cultural, en principio consigo mismo y luego con su pueblo, ¿hoy en día sigue pensando igual?
H.L.Q.: Por supuesto, porque los cambios que se dan son a nivel dirigencia fundamentalmente. Los pueblos cambian en forma distinta, adaptan —si es que adoptan primero— esos cambios a su idioscincracia y a su forma de vivir, de ser, de pensar y de luchar. Generalmente, los pueblos en esta circunstancia de la humanidad —y especialmente en este país— están sometidos por un sector de dirigencia. Lo que cambia es la forma, pero el dominio sigue siendo el mismo. Con Tejada Gómez siempre decíamos: “Antes apuntaban a los cuerpos, ahora apuntan a la memoria”. El dominio actual es apuntar a la memoria porque implica cortar con las raíces. Un pueblo que pierde la memoria—sobre todo la memoria popular— está totalmente dominado.

G.A.: ¿Cuál sería el lugar del poeta en esta situación?
H.L.Q.: Expresar lo que expresa su entorno popular, pero no en esa especie de denuncia que termina siendo un panfleto. Los panfletarios suelen ser muy eficaces en lo suyo, pero la poesía es otra cosa.

 G.A.: ¿Cómo se ha movido durante toda su vida en esta multifacética conjunción de poeta, cuentista y folklorista? ¿Lo ha beneficiado o lo ha perjudicado?
H.L.Q.: Yo no me calificaría como folklorista aunque por raíces tengo mucho que ver con el folklore. Soy autor de canciones. No sé si me ha perjudicado o beneficiado.

G.A.: Decimos esto porque hay compiladores de poesía que no han querido incluirlo en sus antologías...
H.L.Q.: Es cierto, yo no figuro en antologías de poesía argentina aunque sí figuro en antologías de poesía latinoamericana editadas en México, Venezuela y Cuba. Ahora se va a editar en Inglaterra una síntesis de la antología que publiqué hace dos años, en una edición bilingüe para estudios de las universidades.

G.A.: ¿Por qué piensa que en nuestro país no lo han incluido?
H.L.Q.: Años atrás se decía que yo era un folklorista, no un poeta. Evidentemente no habían leído mi obra. Después, políticamente. En los años del gobierno militar genocida, mis libros —como también los de Tejada Gómez y otra gente— desaparecieron no sólo de las librerías sino que hubo prohibición de que estuvieran en bibliotecas, universidades, etc. Con la vuelta a esta seudodemocracia la situación no ha variado. Mi obra sigue sin aparecer en las universidades, en recitales sí. Mis últimos diez libros no han sido comentados por los diarios de cabecera ni como libros recibidos, salvo una excepción: el diario La Prensa. En los diarios del interior, afortunadamente he tenido muy buenos comentarios.

G.A.: ¿Usted se siente en una especie de lista negra solapada?
H.L.Q.: Pero con absoluta seguridad. Vos no escuchás una canción mía por radio —o un poema— salvo en los programas de Omar Cerasuolo o de Ignacio Anzoátegui.

G.A.: Un aspecto que despierta controversias es si un texto con música puede ser un poema...
H.L.Q.: No, yo les doy el mismo valor, la única diferencia es formal, pero en esencia, en concepto y en la forma que lleva el verso es poesía, lo que yo hago es poesía. Enrique Llopis le ha puesto música a varios poemas míos, Quique es un metodista sensacional.

G.A.: ¿Cuál es su opinión sobre el posmodernismo?
H.L.Q.: El posmodernismo se parece mucho al nihilismo, es decir la nada. Todo sirve y nada sirve.

G.A.: ¿Qué tiene proyectado para el futuro?
H.L.Q.: Bueno, si me siguen marginando cien años de soledad (risas), pienso seguir dando recitales en el interior donde concurren a verme 500 personas muchas de ellas jóvenes de 15 a 25 años que conocen perfectamente mi obra. Después con Oscar Alem estamos trabajando muy activamente en reflotar “La Pampa Verde” posiblemente para mayo y he comenzado también un nuevo libro de poemas.

G.A.: ¿Siente amargura por algunas de las cosas que nos ha contado?
H.L.Q.: Recordaba lo que dice Enrique Llopis en la contratapa de un disco mío “pero tiene el amor de su pueblo y eso es suficiente”

LA VIDA IRREPETIBLE

De aquí para adelante
habrá que estar atento,
no perder ni un momento,
ni un día, ni un instante.
Lo de ayer no es bastante,
ha sido un buen intento.

La historia repetida
construye lo terrible,
es un cerco temible
de angustia compartida.
Siempre ha sido la vida
un acto irrepetible.

Por eso el pensamiento
debe andar más a prisa,
defender la sonrisa,
cuidar los elementos
sin complicar los cuentos
ni el alma de la risa.

Y si la vida pasa
con repetir los días,
cambiar las melodías,
los cantos, la argamasa
para una nueva casa
con su milagrería

Porque me he dado cuenta
que todo es previsible,
lo incierto o lo posible,
el hijo y la placenta.
Porque la vida inventa,
pero es irrepetible.

HAMLET LIMA QUINTANA
(de su libro “Los Referentes”)

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